Vidas en tránsito
Antonio Tamayo Arango
“Uno tiene que empezar de cero, ser humilde… Aquí uno no es nadie, y eso es buenísimo, porque allá tampoco uno era nadie.”
Artista Plástico.
Colombiano.
Reside en Madrid, España.
Foto: Nathalie Sayago
Antonio Tamayo Arango es un artista plástico colombiano originario de Bogotá, quien, movido por un cúmulo de sueños y el deseo de renovación personal y profesional, emprendió junto a su esposa un viaje hacia Madrid, España. Su decisión de emigrar se vio impulsada por razones familiares —el hijo de su esposa había llegado primero—, así como por la oportunidad de acogerse a un convenio de nacionalidad española para descendientes sefardíes. La pandemia retrasó sus planes, pero no detuvo su determinación. Con un morral cargado de expectativas, Antonio vio en su llegada a España la posibilidad de relanzar su carrera artística y explorar nuevas formas de creación desde un contexto distinto.
Antes de migrar, Antonio había desarrollado un camino sólido en el arte en Colombia, construyendo vínculos profundos con su entorno, su cultura y su familia. Reconoce que emigrar no fue una tarea fácil, especialmente para alguien con raíces tan arraigadas y con más años de vida y trayectoria. Sin embargo, percibió en España un nuevo horizonte: aunque la separación de los afectos le pesa, también lo estimula la posibilidad de reinvención. Su discurso revela el vértigo de dejar atrás lo conocido, pero también la gratitud de descubrir otras luces, otros ritmos y otras formas de existir.
Su obra artística está fuertemente influenciada por la tradición pictográfica indígena, el pensamiento constructivo de Torres García, y el expresionismo abstracto colombiano. Aunque no culminó sus estudios de arquitectura, en sus piezas está presente una sensibilidad marcada por el ensamblaje, el urbanismo y la materia. En Madrid, ha empezado a dialogar con una nueva paleta de colores y luces, descubriendo en los grises del invierno y en la mutación de las estaciones, una poética distinta que se suma a su lenguaje. A pesar de las dificultades burocráticas y económicas que enfrenta como migrante mayor, no ha dejado de imaginar y trabajar por una vida donde el arte siga siendo centro y sentido.
El sueño de Antonio es crear una obra que trascienda el tiempo, una pieza que, como los artefactos anónimos de los museos arqueológicos, no necesite firma para tocar la eternidad. Aspira a que su arte sea reconocido no tanto por el ego del nombre, sino por su capacidad de conmover desde el silencio. Para él, migrar ha sido una oportunidad de humildad y de recomienzo. Vive el presente paso a paso, sembrando con paciencia la posibilidad de que una de sus piezas llegue a un museo, no por fama, sino como testimonio de una sensibilidad universal que no necesita pasaporte para perdurar.
Pasado, presente y futuro
Imágenes: AVA.
Antonio Tamayo Arango
El futuro de Antonio Tamayo Arango se vislumbra como una travesía serena pero fértil, marcada por la constancia, la introspección y la fidelidad a su lenguaje plástico. Aunque los desafíos materiales y burocráticos en su nuevo entorno no son menores —y él los asume con realismo—, su profunda conexión con el arte como forma de vida y de pensamiento lo sostendrá y lo guiará hacia nuevas oportunidades. Su capacidad de adaptación, su apertura a explorar oficios complementarios y su mirada humilde pero firme lo posicionan como un creador resiliente, capaz de dialogar con el contexto europeo sin perder la esencia latinoamericana que lo nutre.
En el horizonte, Antonio no persigue el ruido de la fama, sino el eco profundo de la trascendencia. Su anhelo de que una obra suya llegue a un museo, incluso de forma anónima, habla de una ética artística donde lo importante no es el ego sino la permanencia del gesto. Su obra —influenciada por la materia, el silencio y la memoria cultural de América Latina— seguirá evolucionando hacia formas más depuradas, más esenciales, probablemente nutriéndose del paisaje emocional y cromático de Europa. Allí, entre grises nuevos y nostalgias antiguas, Antonio cultivará una poética visual silenciosa, pero cargada de sentido.
Imágenes: AVA.
Música: El arte del silencio. JMR01, 2025 (Cortesía).
Video: Febo.
Hola, mi nombre es Antonio Tamayo Arango.
Llegué aquí a España, a Madrid, hace dos años exactos. Soy artista plástico y me vine con un morral lleno de sueños y tengo muchas expectativas hacia el futuro.
¿Qué circunstancias te llevaron a emigrar? ¿Cómo fue esa experiencia inicial?
Bueno, la idea que tenía yo con mi esposa, que me motivó a venir acá a España, en parte fue porque el hijo de ella llegó primero. Eso hizo un poco que nos aventuráramos. Vino la pandemia, se retrasó el viaje y ya después de la pandemia llegamos acá a Madrid.
Tuvimos también la suerte de conseguir la nacionalidad española por un convenio que se hizo sefardí con los países de Latinoamérica. Para mí fue una gran oportunidad para poder re-lanzarme como artista.
Soy de Bogotá, tuve un proceso importante allá, pero había que explorar nuevos mundos. A eso vine.
¿Qué recuerdas de tu vida de antes de emigrar? ¿Qué consideras más significativo?
Bueno, el tema del migrante a veces no es tan fácil como me pueden estar viendo ahorita, porque uno, en el caso mío, que ya tengo unos años, hice muchas raíces en mi país. La mitad de la familia o más de la mitad está allá, y eso hace que uno siga muy atado a la familia, a la cultura, a los amigos.
Sin embargo, al llegar acá también vi que hay nuevas oportunidades. Y pues, nada es más completo, pero estoy muy feliz de haber tomado esa decisión.
¿Qué elementos culturales de tu país de origen llevas contigo?
Tengo una afinidad muy importante con el arte de pictogramas indígenas, de la Escuela del Sur de Torres García, el uruguayo. Es un artista contemporáneo del siglo XX. Tuve también influencia de artistas colombianos del expresionismo abstracto y obra contemporánea de escultura. Más o menos ese ha sido un poco el lenguaje que he ido moviendo y aquí lo estoy proyectando más.
No terminé arquitectura, pero en mi obra hay una referencia muy fuerte al urbanismo, a la construcción, al ensamblaje, a la materia.
¿Cuál ha sido el desafío más grande que has enfrentado como artista?
Bueno, uno acá para existir tiene que empezar a hacer mucho papeleo: sacar el DNI… Con el DNI, ofertas de trabajo pues no hay. En mi caso, que ya tengo más edad, pues se limita aún más, porque vivir de esto es un sueño, pero no se puede vivir.
Yo en mi caso apenas tengo unos recursos, pero necesito trabajos adicionales y no ha sido tan fácil como uno se imagina que aquí se consigue trabajo. Estoy viendo alternativas en este momento para ver qué otro oficio puedo compaginar.
He estudiado carpintería, he trabajado en agencias de publicidad, no sé… cualquier cosa relacionada también con arte me gustaría tener un apoyo más económico en ese sentido.
¿Cuánto tiempo llevas viviendo en España?
Ya llevo dos años exactos. Y bueno, la cultura es un poco diferente a la que tenemos. Los colombianos aquí, pues, es increíble que esto ya es parte de la Comunidad Europea. Y espero… pues yo vivo el día a día y si logro estar más tiempo, mejor.
¿Cómo influye esa diferencia entre Colombia y España?
Bueno, sí. Yo llegué con mucho color, y con mucha idea de mostrar lo nuestro de América. Y me doy cuenta un poco que aquí hay estaciones, hay otra paleta de colores.
Ya me he metido en unos grises que hacía muchos años no retomaba, y la luz es diferente. El enfoque que hay acá en ciertas cosas también varía, pero uno se ajusta y sigue mostrando lo de uno. Uno es el de los americanos, siempre sereno.
¿Cómo percibes la relación entre tu historia personal (los apellidos, las razones por las cuales llegaste aquí) y la historia de otros migrantes y también de España?
Bueno, tal vez el tema de los apellidos y eso… yo creo que venimos todos del mismo sitio. Lo que se habla es diferente, el acento, el lenguaje es diferente, pero finalmente todos tenemos sangre española, todos los hispanos.
Y al llegar acá era un país más fácil de adaptarse que si uno se iba, por ejemplo, a un país escandinavo, donde no tenemos nada de relación. Entonces, yo creo que por eso hay tanta migración de Latinoamérica hacia España hoy en día: por la facilidad del idioma. Eso nos abre muchas puertas de entrada y, fuera de eso, tenemos muchas cosas comunes,
porque finalmente España es la mamá de nosotros.
¿Cuál es el sueño que quieres lograr con tu arte en este nuevo contexto?
Bueno, ahí ya quedó… ya que se potencien las ideas, que se dé a conocer en varios lugares. Empezar a hacer… Uno tiene una gran ventaja al venir acá, que uno tiene que empezar de cero. Tiene que ser uno humilde. Uno aquí no es nadie, y eso es buenísimo, porque allá tampoco era uno nadie. Entonces uno no se las puede dar de que se las sabe todas.
Pero tener esa gran oportunidad de hacer pasito a pasito, de mostrar las ideas que uno tiene, de ser recibidas, de poderlas compartir… Pues uno sí aspira, no voy a decir que no,
que ya una pieza de uno llegue a un museo. Eso ya sería muy top. Eso ya es como que deja al hijo bien puesto.
Si pudieras crear una obra que simbolice tu futuro, ¿cuál sería?
Pues a mí me gustaría llegar a hacer la obra del silencio.
El silencio de… Sería una de esas obras que uno ve en un museo arqueológico
en que no se supo quién fue el autor, cuándo se hizo, pero que esa belleza que uno está viendo alguien la hizo, como un artefacto.
Eso para mí es trascender: que llegue una obra a un museo, así uno sea anónimo. Eso para mí es importante.
Imágenes: AVA.










