Vidas en tránsito

Daniela Quilici

“Lo que deseo lograr es estar bien yo; y luego, si eso funciona, buenísimo.”

Artista plástico.
Franco-Venezolana.
Reside en París, Francia.

Foto: Nathalie Sayago

Daniela Quilici es una artista plástica franco-venezolana cuya vida ha estado marcada por el tránsito entre dos mundos. Nacida en Francia pero profundamente conectada con Venezuela, se describe como alguien que no pertenece del todo a un lugar ni al otro, sino que habita ese espacio intermedio donde la identidad se fragmenta y se reconstruye. Su formación artística abarca pintura, dibujo y escultura, y su obra ha evolucionado en sintonía con sus experiencias vitales. Migró dos veces: primero de Francia a Venezuela, y luego de regreso a Francia. Cada desplazamiento no sólo transformó su cuerpo geográfico, sino también su percepción emocional del mundo. Francia, aunque familiar, le resulta ajena y exigente; Venezuela, en cambio, es para ella un territorio de luz, de flora vibrante, de guacamayas y del Ávila, un refugio emocional frente al peso de las dificultades vividas en suelo europeo.

Su obra artística está profundamente atravesada por el recuerdo sensorial y afectivo de Venezuela. La fluidez del agua, el caos del trópico, lo orgánico y lo vegetal son elementos recurrentes que se materializan en su trabajo como metáforas del cuerpo, del deseo de sanación, de memoria y transformación. Aunque no introduce símbolos culturales explícitos, su obra es visceral y emotiva, construida desde la experiencia íntima, como un mapa de emociones que florecen a pesar del desarraigo. Las etapas de mayor vulnerabilidad, como su adolescencia o el nacimiento de su hija, coincidieron con momentos de crisis que marcaron también su relación con el país de acogida. En esos instantes, Venezuela se convirtió en un espacio de respiro y renovación, casi terapéutico, que le devolvió la energía creativa.

Uno de los grandes desafíos de Daniela ha sido el de hablar sobre su propio trabajo. A pesar de tener herramientas, lengua y contactos por haber nacido en Francia y ser hija de artistas, confiesa que eso no ha facilitado su camino como creadora. Por el contrario, esas mismas condiciones a veces se vuelven un obstáculo, una suerte de expectativa impuesta que le impide ser completamente ella misma. El proceso de encontrar palabras para explicar su obra ha sido una lucha que ha tenido que enfrentar con mayor fuerza desde su retorno a Europa. Ha aprendido a lidiar con la exposición pública de su trabajo, con el reto de comunicar desde la honestidad y la complejidad emocional que lo sostiene.

Para Daniela, el arte es una necesidad más que una aspiración. No sueña con el éxito en términos tradicionales, sino con alcanzar un estado de bienestar interno a través de su práctica. El acto de crear es una vía para habitarse a sí misma, para sanar y evolucionar. Imagina su futuro no como un lugar específico sino como una obra que encarne paz, luz y equilibrio. Desea que el proceso creativo la guíe hacia ese horizonte, que su cuerpo y su mente encuentren serenidad en cada trazo, en cada pieza de cerámica, en cada lienzo trabajado con la memoria como sustancia. No sabe con certeza hacia dónde va, pero confía en que la obra vendrá sola, como todo lo auténtico que nace desde dentro.

Pasado, presente y futuro

Imágenes: AVA.

Daniela Quilici

El futuro de Daniela Quilici se proyecta como una ruta íntima de equilibrio entre creación y sanación. Más que una carrera planificada o ambiciones de reconocimiento, su camino parece orientado hacia un arte profundamente personal, donde cada obra sea una extensión de su búsqueda de paz interior. Su sinceridad al asumir que el arte es una necesidad vital —más que un objetivo profesional— indica que su evolución no dependerá tanto del mercado o de las tendencias, sino de su capacidad para seguir transformando la memoria, el cuerpo y la emoción en lenguaje visual.

Es posible que continúe explorando materiales como la cerámica y el lienzo, integrando elementos cada vez más táctiles, más orgánicos, más arraigados en lo sensorial. Sus idas y venidas entre Francia y Venezuela pueden seguir marcando su práctica, pero con el tiempo podrían resolverse menos como conflicto y más como síntesis: un lenguaje híbrido que no necesite elegir entre dos mundos, sino que los contenga a ambos. Su futuro artístico podría volverse cada vez más abstracto y contemplativo, como un reflejo de su deseo de estar bien, de ser luz.

A medida que crezca su seguridad en la palabra y en la exposición pública, es posible que su obra se abra a más públicos sin perder su raíz íntima. Quizá el verdadero logro que le espera no será exhibirse más, sino hacerlo desde un lugar más auténtico y reconciliado. Y aunque no persigue visibilidad, su honestidad y su sensibilidad pueden llevarla, naturalmente, a espacios donde su arte toque a otros que también habitan entre fronteras, entre lenguas, entre duelos y renacimientos.

En síntesis, el futuro de Daniela es un horizonte sensible, construido desde adentro hacia afuera. Será, muy probablemente, una artista cada vez más dueña de su voz, más enraizada en lo orgánico, en lo femenino, en lo vital. Y ese futuro, más que una meta, será el resultado de haberse permitido ser fiel a sí misma, sin concesiones.


Imágenes: AVA.
Música: Entre dos aguas. JMR01, 2025 (Cortesía).
Video: Febo.

Me llamo Daniela Quilici. Soy artista plástica, trabajo con pintura, dibujo y escultura.

Y me considero franco-venezolana. Y no estoy ni aquí ni allá. Estoy entre los dos.

¿Qué circunstancias te llevaron a migrar y cómo fue tu experiencia inicial?

Entonces, yo emigré dos veces. Primero me fui de aquí, de Francia, a Venezuela. Y de Venezuela regresé a Francia.

La experiencia de emigrar… Bueno, para mí, mi país —o sea, mis países— son dos países completamente distintos el uno del otro. Y para mí, lo que más me llena es Venezuela. Venezuela, para mí, es como mi país. Francia también, pero no me llena tanto, porque me cuesta mucho el clima, me cuesta la gente, me cuesta todo. Me siento bien aquí, pero me siento mejor en Venezuela.

¿Qué recuerdos más significativos tienes de tu vida?

A ver… ¿Con respecto a la obra o con respecto a mí?

Bueno, tengo dos fases que fueron muy importantes, las viví aquí en Francia. Fueron momentos difíciles que viví… Y las viví aquí en Francia. De repente por eso no me gusta tanto Francia y prefiero Venezuela. Porque cuando me sentía mal me fui a Venezuela y ahí como que se me abrió la luz: las guacamayas, el Ávila, todo eso, toda la belleza… Y esa sensación de enfermedad se fue en ese momento.

Entonces fueron dos puntos clave: fue mi adolescencia, cuando tenía como 17 años, y luego cuando di a luz a mi hija en el 2015.

¿Cómo describirías el impacto de tu lugar de origen, Venezuela, en tu obra o en tu identidad artística?

Bueno, sí. Sobre todo al principio… sí, totalmente. Es como una… es el agua. Eso ha evolucionado mucho, pero siempre ha sido como un recuerdo de lo caótico, del trópico, de la belleza tropical.

Por ejemplo, en mi trabajo manejo mucho el mar, el agua, lo fluido, lo orgánico. Mi trabajo es muy orgánico. Y recuerda mucho la vegetación, los animales acuáticos… y hay como ese recuerdo de lo que viví, lo que me gusta, y que lo transformo a mi manera y lo hago aquí en Francia.

¿Llevas algún elemento cultural de Venezuela en tu obra o es netamente orgánico?

Es netamente orgánico. Es solo sentido, una emoción directa. Es orgánico.

¿Cuál ha sido el desafío más grande que te ha tocado enfrentar como artista migrante?

Bueno, irme de Venezuela. Y sobre todo aprender a hablar sobre mi trabajo. Lo que más me ha costado toda la vida es expresarme sobre mi trabajo. Y el desafío lo conseguí aquí. Lo tuve siempre, pero digamos que aquí en Francia eso se atenuó y aquí conseguí las palabras un poco más claramente. Y el desafío era poder exponerme a la gente.

¿Cómo ha influido esa experiencia migratoria que has tenido entre tus idas y venidas en Francia y Venezuela en tu obra?

El hecho de ir y venir…

Por ejemplo, yo tuve un trabajo que era “la línea recta racional” y “la línea caótica orgánica”.
Era un trabajo que manejaba con dos trazos diferentes. Entonces era esa dualidad. Porque son países tan distintos el uno del otro, que es totalmente una dualidad.

De hecho, cuando me fui, que me enfermé, todo eso, era mucho con la dualidad también. Era como un juego entre países, como dualidades.

¿Y puntualmente qué diferencias percibes entre el contexto de tu arte en Venezuela y aquí en Francia?

Bueno, hago lienzos. Antes no hacía lienzo. Hago cerámica, que no hacía mucho. Antes siempre era el dibujo, dibujar y cómo evacuar cosas. Y ahora uso los lienzos y uso mucho la cerámica.

¿Cómo percibes tu relación como migrante o tu historia como migrante en comparación con otros venezolanos o con otras historias migrantes?

Yo creo que tengo suerte. Como nací aquí, con la lengua, tengo algunos contactos también porque mis padres son artistas los dos. Entonces tengo posibilidades…
pero que en realidad no son posibilidades. En realidad son barreras que se ponen

y que no me dejen ser yo, pues.

Entonces sí…venir aquí era como algo más…no me acuerdo qué iba a decir.

Comparación con otros artistas migrantes…

Sí, exacto. Para ellos es más difícil. Para mí es más fácil porque viví aquí y viví allá.
Y tengo la lengua, tengo contactos, y qué sé yo.

Pero eso es algo que también es un trancapié, porque no me deja ser el artista de verdad, el artista. Sino que es como un… bueno…

¿Qué sueñas lograr con tu arte?

No sueño en lograr… bueno, sí, sueño lograr expresarme. Para mí lo que yo hago es más que todo una necesidad. Es algo que, si no lo hago, no estoy bien.

Entonces lo que deseo lograr es estar bien yo. Y luego, si eso funciona, buenísimo. Pero primero yo, con mi cabeza, mi mente, mi cuerpo.

¿Y si pudieras crear una obra que represente un futuro, cuál sería?

¿Una obra que represente mi futuro?

Bueno… el bienestar, ¿no? Estar en paz, tranquila, ser una persona luminosa, llena de paz… no sé.

¿Y con respecto al trabajo?

Quisiera que ese trabajo me llevara a eso. Es que el trabajo me lleva a eso. Ahora necesito que me represente.

No sé si estoy contestando la pregunta, discúlpame, me enredo. Pero sí… que el hecho de trabajar me lleve a eso.

Como decía: primero estar bien yo.

¿Cómo lo ves evolucionar?

No lo sé. Vendrá solo.

Imágenes: AVA.