Vidas en tránsito

Fabiana Zapata

“Yo sí creo en los micro logros que te llevan a algo.”

Artista Visual.
Venezolana / Italiana.
Reside en Madrid, España.

Foto: Nathalie Sayago

Fabiana Zapata es una artista visual venezolana con profundas raíces italianas, cuya vida ha estado marcada por el movimiento constante y una sensibilidad creativa arraigada en la cotidianidad. Arquitecta de formación, desde muy joven experimentó una vida nómada, viajando constantemente entre países, pero fue la maternidad lo que redefinió su rumbo. La decisión de migrar no fue impulsada por una crisis personal o económica, sino por el deseo profundo de ofrecerle a su hija un entorno distinto para crecer. Esta transición, lejos de ser abrupta, se vivió como una continuidad natural de su espíritu viajero, aunque implicó un cambio radical en su modo de producción artística y su cotidianidad.

Sus recuerdos más significativos se entrelazan con la familia. Aunque se describe como una persona solitaria, su vínculo con sus seres queridos —especialmente con su nono, que aún vive en Venezuela— es una constante en su narrativa. Venezuela, para Fabiana, no es solo un país de origen, sino una condición identitaria que atraviesa su manera de habitar el mundo y de crear. A pesar de que por documentación sea italiana y muchas veces en el exterior la perciban como europea, ella se afirma como venezolana con convicción. Su experiencia migrante ha fortalecido esa identidad moldeable que asocia al venezolano con la plastilina: adaptable, resistente, creativo ante la escasez.

Esa capacidad de transformación se refleja directamente en su práctica artística. Fabiana trabaja con lo que tiene a mano, haciendo de la precariedad una herramienta creativa. Su obra surge del gesto venezolano de resolver, de transformar la carencia en posibilidad. Sin embargo, enfrentarse al contexto español como artista migrante le implicó aceptar límites: renunció temporalmente a vivir exclusivamente del arte y optó por establecer una rutina laboral que le permitiera sostenerse mientras desarrollaba una gran obra anual. Esta decisión fue dura, pero también estratégica; le permitió equilibrar su vida personal y profesional sin perder el impulso creativo. La arquitectura, su otra pasión, le ofreció el sustento para seguir construyendo su identidad artística desde otro ángulo.

A pesar de los desafíos, Fabiana se reconoce afortunada. Migró con documentación en regla y con un “bagaje europeo” que le facilitó integrarse, aunque eso no la ha eximido de momentos duros ni de tener que poner en pausa su producción artística. Durante la pandemia, mientras trabajaba como telefonista, desarrolló una serie de collages en casa, combinando el arte con la supervivencia. Hoy sueña en grande, pero valora los micro-logros: cada exposición, cada obra vendida, cada momento frente a la cámara. Su gran sueño artístico sería construir un mapa monumental, una cartografía viva que marque sus recorridos, sus memorias de tránsito, sus breves y largas estancias. Su historia es la de una artista que, en medio de los cruces entre culturas y geografías, ha aprendido a vivir —y crear— con lo que hay.

Pasado, presente y futuro

Imágenes: AVA.

Fabiana Zapata

El futuro de Fabiana Zapata se proyecta como una trayectoria de madurez artística profundamente conectada con su experiencia migrante y su identidad híbrida. Su capacidad para adaptarse, transformar la carencia en recurso y convertir lo cotidiano en gesto creativo, le augura un camino sostenido, sólido y sensible dentro del arte contemporáneo. Lejos de aferrarse a una producción frenética, Fabiana ha encontrado un ritmo propio: pausado pero firme, donde cada obra surge desde un compromiso genuino con su realidad y sus posibilidades.

Es probable que su obra se expanda hacia formatos más ambiciosos, como instalaciones cartográficas, intervenciones en espacios públicos o proyectos colaborativos que exploren la memoria del tránsito y la diáspora. La idea del “súper mapa” que mencionó en la entrevista podría tomar forma como una pieza emblemática de su carrera: un archivo sensible de recorridos, emociones y vivencias inscritas en territorios. Su enfoque, basado en la reutilización y el trabajo con lo disponible, la posiciona también como una voz relevante en discursos sobre sostenibilidad, identidad y resiliencia.

Además, su formación como arquitecta e interiorista le otorga una ventaja estructural y espacial que puede enriquecer sus futuros proyectos expositivos, haciéndolos cada vez más inmersivos y transversales. Su sensibilidad familiar y afectiva, su conexión con lo venezolano desde la distancia, y su habilidad para establecer puentes entre lo personal y lo político, perfilan una creadora que seguirá construyendo obra con conciencia, sin perder de vista su historia ni el pulso del presente.

En síntesis, Fabiana no solo tiene el talento y la inteligencia emocional para consolidarse como artista migrante contemporánea, sino también la claridad estratégica y vital para navegar con autenticidad entre múltiples mundos. Su futuro, aunque impredecible como todo lo nómada, se intuye luminoso, cargado de sentido y lleno de puntos en el mapa por marcar.


Imágenes: AVA.
Música: Cartografía de lo posible. JMR01, 2025 (Cortesía).
Video: Febo.

Hola, soy Fabiana Zapata. Soy artista visual, venezolana, y bueno, con mucha genética italiana, como pueden ver en la foto.

¿Qué te llevó a migrar y cómo fue tu experiencia o circunstancias?

La maternidad.

Nunca me imaginé que por la maternidad iba a decir: “Me voy de Venezuela”. La verdad es que de naturaleza he sido siempre como muy viajera, muy migrante. Recién me gradué de arquitectura, pues me fui, volví, me iba y volvía. O sea, fueron como quince años de ir y venir, pero ya una vez que tuve a mi chama, tomé la decisión porque quería que creciera en otras circunstancias. Realmente, así de sencillo.

¿Qué recuerdos tienes de tu vida?

¡Uf! El recuerdo más significativo… El 40% de mis recuerdos estaba… Federación… No sé. Creo que todo gira en torno a mi familia. Soy una persona que, aunque soy muy sola, soy muy familiar. Entonces creo que cualquier recuerdo significativo puede girar en torno a mi condición de familia. Así es, así yo te lo digo. O sea, mi nono, que lo tengo aquí en Venezuela…

¿Cómo describirías el impacto de tu lugar de origen, Venezuela, en tu identidad?

¡Uf! ¿Cómo lo describiría? Primero lo describiría como que es al 100%, porque soy venezolana. Por mucho que a mí me identifiquen aquí como italiana, porque por documentación lo soy, yo soy venezolana. Entonces, ese impacto de ser venezolana… Creo que los venezolanos somos como de plastilina, somos muy maleables, muy moldeables. Y eso es uno de mis grandes impactos en todas mis áreas: mi vida como migrante, laboral, personal… Yo creo que más que esa palabra de moda “resilientes”, somos más maleables y moldeables —en el buen sentido de la palabra.

¿Qué elementos culturales venezolanos conservas o implementas en tu obra artística?

La “vale”. Yo creo que el hecho de trabajar con lo que hay. Hoy, creo que el venezolano aprende a trabajar con lo que consigue, y le echa pichón con lo que consigue. Y mi obra se desarrolla con lo que hay, y con lo que consigo. Así de sencillo. O sea, con lo que tengo a la mano es con lo que desarrollo mi obra. Y bueno, todo me llega, y creo que eso es muy venezolano: trabajar con lo que tienes en las manos, con lo que te llega, y transformarlo. Creo que eso es sumamente venezolano, porque la migración nos ha llevado a eso.

Estando aquí en España, ¿cuál ha sido el desafío más grande que te ha tocado vivir como artista?

Mira, me ha tocado la decisión de decir: “No me voy a dedicar 100% a mi obra porque económicamente no me lo puedo permitir”. Entonces he decidido establecerme plazos. Me dije: “Voy a hacer algo muy potente anual”, aunque salen cosas pequeñas. Pero a mí misma me dije: “Tienes que hacer algo muy potente al año”. Y lo otro fue llevar mi vida cotidiana laboral para poder… Gracias a Dios soy arquitecta y puedo trabajar de interiorista. Pero es eso. Para mí fue un paso muy grande decidir hacer una sola actividad fuerte al año, cuando antes tenía un ritmo muy grande de producción. Pero bueno, es una decisión para poder hacer las cosas bien, dedicarme a una cosa bien hecha.

Siendo venezolana, italiana, viviendo en España, ¿cómo ha influenciado esa experiencia y bagaje en tu forma de crear?

Es muy raro, porque vengo de una crianza muy europea. Mis abuelos fueron migrantes italianos en Venezuela y eso a mí me marcó mucho, en cuanto a la crianza y a la forma de trabajar y de luchar la vida. Aquí me siento sumamente venezolana, muy yo como venezolana, pero el exterior me percibe muy italiana. Es muy loco porque, si no hablo, puedo pasar por europea total. No sé… es súper raro. Antes me chocaba un poquito, pero ya como que… bueno, no pasa nada si esto es así. Y cuando me escuchan: “¡Ah, es venezolana!”. —¿De dónde eres? —De Barquisimeto. —¡Peor! ¿Otra de Barquisimeto? —Sí, yo soy guara. —¡Pero tú no hablas como guara! —Bueno, pero voy así. Entonces es muy loco.

¿Percibes alguna diferencia en el contexto artístico venezolano y el que ahora vives aquí en España?

Más que contexto artístico, obviamente siempre va a haber una diferencia cultural, y el contexto artístico viene de la mano con ese contexto cultural. O sea, no podemos separar una cosa de la otra. Quizás estoy viviendo una situación espacial mucho más globalizada por el tipo de ciudad donde estoy. Madrid es una capital donde confluye cualquier cantidad de procesos creativos que te puedas imaginar. Quizás en Venezuela es más centralizado, más… cada quien tiene su parcela más definida. Aquí es mucho más abierto. Entonces, no lo percibo tan diferente, pero es a escala realmente que se siente.

El asunto: bueno, eres migrante. Somos un montón fuera de Venezuela. Pero a pesar de eso, todas las historias son distintas. ¿Cómo percibes esa relación entre tu historia personal como migrante ítalo-venezolana en relación con otras?

Conozco muchas personas y me siento realmente muy afortunada. Me siento muy agradecida con ese gran esfuerzo que hizo esa migración de mi familia a Venezuela y luego nosotros acá. Porque lamentándolo mucho, el tema documentación es fundamental. Aunque uno diga: “Somos seres humanos en todas partes del mundo”, bueno… Nos tenemos que mover con una documentación. Y me siento muy afortunada porque cuando tienes tu documentación en regla, como que las puertas se abren más fácil. No es que se abran solas, pero se pueden abrir más fácil. Y como quizás ya yo tenía mucha relación con Europa, con España, en ese sentido se me hizo más fácil. Se me hizo más fácil aceptar mi situación de migrante, o sea, llegar como telefonista, como te comenté, y aceptar que esto iba a ser un momentico, que iba a poner en “stop” mi proceso creativo, porque lo tuve que poner en pausa.

Pero luego llegó el COVID y me dio la dicha de estar en mi casa. Entonces, mientras estaba de telefonista, atendiendo teléfonos, yo estaba haciendo collages. Tengo realmente una serie muy grande, porque trabajaba mientras atendía el teléfono. Y eso fue una cierta ventaja con respecto a los demás, porque uno oye unas historias muy muy fuertes de gente. Y yo lo único que puedo decir es que soy muy afortunada y me siento muy bendecida porque me vine con papeles, así de sencillo. Y porque me vine con un bagaje europeo encima que no me afectó tanto venirme. O sea, de hecho, no sé hacer arepas. Es tan complicado… No sé, pero en mi casa combinábamos. Pero no me gusta caer en esas comparaciones, porque cada migración —como dijistes un mundo. Cada quien tiene sus historias de vida que, aunque nos une la venezolanidad —y son diferentes venezolanidades, no me puedo quejar, porque forma parte.

¿Qué sueñas lograr con tu arte?

Mira, yo creo que nada más el hecho de estar viva, de estar aquí en cámara, ya eso son logros. Yo sí creo en los micro-logros que te llevan a algo. Obviamente, todos los artistas queremos estar en la Bienal de Venecia, representar al país, lo que sea… pero más allá de eso, yo me voy por los logros personales. Y dentro de todo, sí he logrado. No me puedo quejar porque he logrado cosas: exposiciones, he logrado vender… no son malas. Son micro-logros, que uno va batallando y batallando. Y yo soy de las personas que, obviamente, miro mucho hacia el futuro, pero también estoy muy presente, porque si no te deprimes. Si tú dices: “Tengo que lograr una exposición individual”, no, ya va. Estás nuevo, te tienes que dar a conocer. Es complicado. Y el lenguaje de cada quien a veces puede ser muy regional. Entonces tienes que ver otras perspectivas y armarte otras visiones.

Si pudieras crear una obra, ¿cuál sería?

Un mapa gigante. Un mapa muy grande. Y bueno, mi obra en general tiene que ver con el traslado, con ir y venir, con la memoria de ese traslado, con las cartografías. Pero yo de una vez me voy a un mapa. Me voy a un mapa en donde yo pueda marcar una cantidad de puntos y decir: aquí estuve. Que estuve, y no estuve 24 horas, estuve 15 días. Así, sencillo. Para mí esa sería una obra: un súper mapa donde pueda identificar vivencias de lugares que he visitado.

Imágenes: AVA.