Vidas en tránsito

Lucía Jiménez

“Espero que mi investigación haga un aporte tanto a la fotografía venezolana como a la latinoamericana en España.”

Investigadora y periodista.
Venezolana.
Reside en Madrid, España.

Foto: Nathalie Sayago

Lucía Jiménez es una investigadora y periodista venezolana especializada en fotografía, cuya historia de migración está marcada por una decisión que, aunque tardía, nació de una sensación de estancamiento personal y profesional en medio de la pandemia y la crisis general en Venezuela. Si bien se encontraba bien posicionada laboralmente en su país, la inestabilidad y la necesidad de apoyar a su familia la empujaron a buscar nuevas oportunidades. Su llegada fue paulatina, primero como estudiante, lo que le permitió mantener un vínculo fuerte con Venezuela a través de su trabajo, hasta que, al culminar sus estudios, enfrentó de lleno la realidad del “¿ahora qué?”, iniciando así una nueva etapa con calma y perseverancia.

Los recuerdos más significativos de su vida antes de emigrar están profundamente ligados a sus relaciones personales y familiares, especialmente a las actividades culturales compartidas. Las visitas a exposiciones con sus padres, las tradiciones culinarias junto a su padre y sus tías, y el entorno familiar extendido que incluía a amigos y mentores del mundo de la fotografía, tejieron una red afectiva que alimentó su vocación. En este contexto se formó su identidad artística, pues fueron precisamente esos lazos y experiencias los que la condujeron a especializarse en fotografía desde una base en el periodismo, con una sensibilidad aguda hacia la cultura y la imagen.
Migrar supuso para Lucía un replanteamiento profundo de su perspectiva cultural y profesional. Descubrió que lo aprendido y construido en Venezuela no siempre tenía cabida en su nuevo entorno, enfrentándose al reto de comenzar desde cero. Esto implicó incorporar herramientas del marketing digital y nuevas tecnologías, redefinir su enfoque profesional y aceptar con humildad el proceso de reaprender. Esta experiencia, aunque dura, le permitió ampliar su mirada y reconstruir una red profesional en un entorno más formal y diverso, donde las relaciones no están mediadas por la familiaridad, sino por la estructura institucional.

Desde su llegada a Madrid, Lucía ha sabido aprovechar el apoyo de su familia, especialmente su hermana, y mantener viva su conexión con Venezuela a través de su trabajo. No emigró huyendo, sino con la intención de sumar y crecer. Hoy sueña con dedicarse por completo a su labor investigativa, generando contenido que enriquezca la comprensión de la fotografía venezolana y latinoamericana en el contexto español. Se visualiza como un puente que ayude a visibilizar a artistas emergentes y abrir espacios de diálogo entre culturas, nutriendo así un futuro donde su historia personal se entrelace con la de otros creadores en movimiento.

Pasado, presente y futuro

Imágenes: AVA.

Lucía Jiménez

El futuro de Lucía Jiménez se proyecta como el de una figura clave en el cruce entre la investigación fotográfica y la curaduría de imaginarios migrantes y latinoamericanos en Europa. Su capacidad para construir puentes entre contextos culturales, sumada a su sensibilidad periodística y su profundo conocimiento del medio fotográfico, la posicionan para convertirse en una voz autorizada en el estudio y la difusión de la fotografía venezolana y latinoamericana en el exterior. Su enfoque no solo es académico o teórico, sino también profundamente humano y relacional, lo que le permite tejer redes genuinas con artistas emergentes y acompañarlos en sus procesos de inserción y visibilidad.

A medida que consolide su presencia profesional en España, es probable que Lucía desarrolle proyectos editoriales, plataformas de formación o espacios de exhibición dedicados a la memoria visual de los migrantes y la producción fotográfica del sur global. Su mirada crítica, pero empática, la impulsa a documentar, cuestionar y reconfigurar narrativas desde una perspectiva ética, comprometida y transfronteriza. Además, su experiencia como migrante le brinda una sensibilidad especial para interpretar los desplazamientos no solo geográficos, sino también simbólicos, que atraviesan a los artistas contemporáneos.

A largo plazo, Lucía podría ocupar un rol relevante en instituciones culturales, museos o archivos visuales, aportando desde su práctica investigativa una lectura renovada de las imágenes y sus contextos. Es posible imaginarla liderando investigaciones colaborativas, curadurías internacionales o programas de mediación cultural que conecten generaciones, territorios y lenguajes visuales. Su voz, formada entre Caracas y Madrid, entre la memoria íntima y el análisis riguroso, tiene el potencial de resonar más allá de lo local, incidiendo en políticas culturales, discursos académicos y escenas artísticas amplias.

En síntesis, el porvenir de Lucía no se limita a su desarrollo personal, sino que se extiende hacia una labor colectiva y transformadora. Su historia la ha preparado para ser no solo una investigadora brillante, sino también una gestora de afectos, saberes y vínculos entre mundos. Si el arte es también una forma de cuidar, documentar y resistir, el camino de Lucía se perfila como uno donde cada paso deja huella.


Imágenes: AVA.
Música: Puente de Luz. JMR01, 2025 (Cortesía).
Video: Febo.

Hola, soy Lucía Jiménez. Soy investigadora y periodista especializada en fotografía. Y soy venezolana.

¿Qué circunstancias te llevaron a emigrar? ¿Y cómo fue tu experiencia?

La migración fue una decisión como tardía, porque yo estaba bastante bien profesionalmente en Venezuela, pero de repente me sentí como atascada por la situación, por la pandemia, por el COVID, y también mucho por lo personal…

No, perdona, otra vez. Ahora sí.

La decisión de emigrar fue un poco tardía. Me tomó mucho tiempo. Profesionalmente yo me sentía muy bien en Venezuela, pero de repente, personalmente, me sentía atascada. Y por la situación también preferí buscar otras opciones, también para una estabilidad económica, estabilidad familiar, ayudar desde aquí a mis padres. Y bueno, decidí finalmente venirme.

Al principio me vine como estudiante, entonces fue una transición muy lenta, que todavía me conectaba mucho con Venezuela por el trabajo que tenía allá. Y fue finalmente cuando terminé el máster que fue como un golpe: “Ok, ¿ahora qué hago?”. Entonces, todo ese proceso de golpe que duró como un año me costó bastante, pero poco a poco, con mucha calma…

¿Qué recuerdas de tu vida antes de emigrar? ¿Cuál es el recuerdo más significativo?

Creo que lo más importante para mí son mis relaciones, mi familia. Las actividades que hacíamos en conjunto, las exposiciones, los domingos con mis padres… Toda esa entrada al mundo cultural a través de una visión de tíos, primos, hermanos que no necesariamente eran familia, sino como esa unión del mundo de la cultura y de la fotografía específicamente, que me une a ellos.

Y luego mi propio trabajo, que me unió también a mis amigos de la adultez, porque los que tenía de antes, de la adolescencia, realmente ya estaban todos fuera y habían migrado mucho antes. Entonces mis amistades me unían. También me unía a ellos mi trabajo. Esas relaciones que fui formando son los recuerdos de Venezuela más bonitos.

¿Cómo describirías el impacto de esas relaciones en tu identidad como artista?

El impacto de las relaciones en mi identidad como artista… Bueno, yo casi todo lo que hago lo hago por esas relaciones. Sobre todo, es como empecé. Es gracias a esas relaciones que empecé a especializarme en fotografía, porque yo estudié periodismo, quizás con otra idea un poco más ingenua de lo que podía ser la carrera. Y luego entrar en cultura, entrar en fotografía, especialmente por las relaciones que tenía, por mi familia… Creo que marcaron todo mi proceso profesional.

¿Qué elementos culturales mantienes siempre presentes?

La gastronomía. La comida es muy importante para mí, porque me gusta mucho cocinar y experimentar. Y creo que esos recuerdos de cocinar junto con mi papá, con mis abuelas y con mis tías, siempre han marcado todo lo que traigo de equipaje cultural.

¿Cuál ha sido el desafío más grande que te ha tocado vivir?

Creo que traía una visión muy cerrada de la cultura, o muy ingenua. Y me ha costado entender cómo funciona el mundo aquí, y que lo que traía de allá realmente no vale para nada. Volver a empezar de cero, volver a crear todo ese círculo, todas esas relaciones que me apoyaban tanto allá, ha sido un gran desafío.

Esa experiencia de empezar de cero, en relación a tu profesión, forma también una nueva manera de mirar.

Bueno, ha sido todo un reto, porque no me esperaba empezar tan de cero. He tenido que incluir cosas de las nuevas tecnologías, del marketing digital, que aunque lo estudié en la carrera, nunca había incorporado. Entonces ha sido como formarme nuevamente. Y creo que el proceso me ha tocado un poco el orgullo. Volver a empezar… Desde esa perspectiva me he sentido mucho una estudiante de nuevo. Entonces, todo ese mundo nuevo que se abrió con las tecnologías, enfrentarlo desde la profesión también ha sido bonito, pero muy duro.

¿Qué diferencias ves entre el contexto artístico venezolano y el de España?

Bueno, creo que el enfoque que hay, sobre todo las temáticas que se tocan en Venezuela, están muy enfocadas en la crisis. En España hay muchas crisis, pero hay mucha más variedad de temáticas. Hay enfoques también sobre lo latinoamericano que, por supuesto, nosotros en Venezuela no desarrollamos de la misma manera, al estar en el centro de Latinoamérica. Desde acá se ve desde lo externo.

Creo que además aquí hay un prisma muchísimo mayor. Todavía queda muchísimo por explorar de los venezolanos allá, pero el abanico aquí se abre muchísimo más.

En cuanto al contexto, también creo que la gente lo maneja de otras maneras. Las relaciones se dan de otra forma. El mundo profesional es más profesional en el sentido del trato.

En Venezuela, aunque es un trato profesional, hay mucha amistad, entonces la informalidad toca cada aspecto. Y aquí realmente más bien son bastante más formales. Creo que eso es lo principal.

Yo tengo tres años en Madrid.

¿Cómo percibes tu historia personal en relación a la venezolana?

Yo me siento muy afortunada, porque aunque he tenido mis momentos bajos y difíciles, la verdad es que en tres años he podido avanzar mucho. Me vine con cierta comodidad al tener ya a mi hermana en Madrid, viviendo desde hace muchos años, y poder contar con un apoyo como el de ella. La verdad es que se siente en todos los aspectos.

Luego también me vine conectada con mi trabajo en Venezuela, cosa que no me ha dejado del todo desamparada. Y tampoco me vine huyendo. O sea, no sentía la necesidad de no tocar el tema de Venezuela ni de separarme completamente de mi país.

Con respecto a tu trabajo artístico, ¿qué sueñas lograr?

A mí me encantaría que esto que yo hago fuese el 100% de mi tiempo. Todavía no lo es. Espero poder alcanzar ciertos niveles en los que mi investigación haga un aporte tanto a la fotografía venezolana como dentro de la visión que se da a la fotografía latinoamericana en España. Pero bueno, son sueños grandes.

Y si pudieras crear una obra o un planteamiento que simbolice o represente tu futuro, ¿cuál sería?

Yo me veo dentro de la investigación de la fotografía, produciendo tanto contenido como sea posible y, sobre todo, sirviendo de puente para ayudar a artistas nuevos o artistas emergentes, que puedan conseguir su lugar en el arte español.

Imágenes: AVA.