Vidas en tránsito

Marta Rodriguez

“Yo pensaba que después de esto me iba a ir… o sea, que nunca pensé quedarme.”

Artista Plástico.
Franco-Venezolana.
Reside en Paris, Francia.

Foto: Nathalie Sayago

Martha Rodríguez es una artista franco-venezolana que ha construido una vida y una carrera en Francia durante más de cuarenta años. Su decisión de migrar no respondió a una urgencia política o económica, sino a una inquietud artística profunda. En una época en la que Europa irradiaba un fuerte interés por el arte, emprendió un viaje por el continente buscando un lugar para formarse y nutrirse creativamente. Fue así como llegó a Francia, sin un plan claro, solo con la intuición de que debía estar allí. Aunque en un principio pensó que su estancia sería temporal, la vida la ancló en ese nuevo territorio, transformando una exploración en una permanencia.

Formada como artista plástica, Martha domina diversas disciplinas: el dibujo, el grabado, la pintura y la escultura. A pesar de la distancia, su obra conserva la raíz criolla de su origen venezolano. El agua, el Ávila, la playa y los paisajes selváticos laten de manera fluida en su imaginario, actuando como memorias sensoriales que impregnan su creación. También se reconocen en su estética las influencias de grandes maestros del arte cinético venezolano como Jesús Soto y Carlos Cruz-Diez, quienes fueron sus primeras referencias visuales. Así, su arte traza un puente invisible entre Francia y Venezuela, entre lo vivido y lo recordado.

Sin embargo, no todo ha sido sencillo en su camino migrante. Uno de los desafíos más difíciles ha sido adaptarse al invierno, no sólo como fenómeno climático, sino también como metáfora de la distancia emocional y cultural. Aunque Martha asegura que no siente una diferencia radical entre lo que fue y lo que es, reconoce que su identidad se ha forjado en la tensión de no ser ni completamente de aquí ni completamente de allá. Esa ambivalencia, lejos de ser una limitación, ha alimentado una visión artística más compleja y rica, marcada por la geometría latinoamericana y por una sensibilidad intercultural.

Hoy, en esta etapa de madurez, Martha no busca grandes conquistas externas. Su sueño es más íntimo: comprenderse a sí misma cada vez más profundamente a través del arte. Le gustaría realizar una retrospectiva que muestre la trayectoria que ha recorrido durante todos estos años en Francia. Aunque no sabe si volverá a Venezuela, su país sigue vivo en su obra. Desde su taller, en ese lugar que ha aprendido a llamar hogar, continúa creando con la mirada atenta y el corazón dividido, entre el trópico del recuerdo y la luz cambiante del norte.

Pasado, presente y futuro

Imágenes: AVA.

Marta Rodriguez

El futuro de Martha Rodríguez se proyecta como una continuidad serena y profunda de su búsqueda artística y personal. No persigue grandes cambios ni rupturas, sino una consolidación introspectiva de su trayectoria: un deseo de comprensión más honda de sí misma a través de su obra. En lugar de mirar hacia afuera, su mirada se dirige hacia dentro, hacia la memoria, la experiencia acumulada y la identidad híbrida que ha construido entre dos mundos. Es probable que explore formatos que le permitan mirar en retrospectiva, como una muestra antológica o una publicación que articule sus décadas de trabajo, no como un cierre, sino como un ejercicio de afirmación y legado.

Martha no parece interesada en el retorno físico a Venezuela, pero su país seguirá presente en su imaginario, transformado en símbolos, colores, memorias y geometrías que continúan irrigando su creación. En su taller en Francia —que ya siente como una extensión de sí misma— su arte continuará fluyendo con esa impronta criolla que nunca ha perdido, al tiempo que dialoga con su entorno europeo, enriquecido por la distancia y la reflexión. Su futuro está marcado por la fluidez, la madurez expresiva y una mirada pausada que valora el trayecto recorrido tanto como los pasos por venir.


Imágenes: AVA.
Música: Geometría del agua. JMR01, 2025 (Cortesía).
Video: Febo.

Mi nombre es Martha Rodríguez. Yo soy una artista franco-venezolana. Tengo 40 años en Francia. Soy artista plástica, dominando varias disciplinas: el dibujo, el grabado, la pintura, la escultura.

¿Qué circunstancias te llevaron a migrar? ¿Y cómo fue esa experiencia?

¿Qué circunstancias?

Mira, eso fue algo… Europa, en esa época, tenía mucho interés dentro del ambiente artístico.
Y entonces hice un viaje por toda Europa buscando dónde quería estudiar. Y me quedé. Me quedé en Francia sin ningún objetivo realmente preciso. Yo pensaba que después de esto me iba a ir, o sea, que nunca pensé quedarme.

No, no… Era muy joven.

¿Qué recuerdas de tu vida de hace 40 años atrás? ¿Tienes un recuerdo que sea significativo para ti?

La playa.

¿La playa?

Sí… El Ávila. Como creo que todo caraqueño. La playa en cuanto a paisaje y en cuanto a seres. Recuerdos de personajes súper especiales.

¿Cómo describirías el impacto de tu lugar de origen, de Venezuela, esa añoranza al mar, a la playa, al Ávila en tu identidad artística?

¿Cómo lo describo?

¿Sí, cómo lo describiría?
¿Cómo describirías el impacto de esos recuerdos que tienes de tu lugar?

Ahorita…

Mira, yo creo que el origen lo tengo en mí. Y sí, tengo algunas cosas, tengo algunos recuerdos con el agua. Trabajo mucho el agua. Y esa cosa fluida… de la fluidez, quizás de un espacio selvático. Yo no sé… algo de eso.

¿Tienes algunos elementos culturales propios de la lejanía?

Sí, yo pienso que sí. Mis primeros libros eran Soto, Cruz-Diez, etcétera. Entonces, creo que sí hay algo de eso, hay algo de eso.

Ha sido una carrera larga, han sido 40 años. Otra vida, otra historia. Pero, ¿cuál ha sido el desafío más grande que te ha tocado experimentar como migrante?

El invierno. El invierno… Sí, para tener un permanente aquí en la…

¿Y cómo influyó esta historia?

¿Cómo ha influido que no soy ni de aquí ni de allá?

¿Hay una diferencia que activa ambos países? ¿Lo que eras tú hace 40 años en tu obra, o en tu persona como artista?

No, no. Yo creo que no. No siento diferencia. Hay una diferencia quizás cultural, ¿no? Pero mi obra no. Ella ha ido creciendo acá, y yo creo que en mi obra tengo algo como muy criollo, que está… esa geometría latinoamericana, que la tengo. Que la tengo en sí, pues.

¿Cómo percibes desde hace tanto tiempo fuera, la historia actual? Es muy diferente. Pero, como parte de tu historia personal, ¿cómo ves la historia de tu país, y la historia que viven muchos venezolanos?

Mira, yo no me siento identificada con eso en lo absoluto. Porque cuando yo me vine, o cuando yo me fui, fue por una motivación artística, cultural, y no fue tanto por problemas políticos o temas… Fue una decisión personal. Entonces no me siento tan involucrada como algunos que han tenido que agarrar las maletas y salir egresados de escuelas.

¿Has regresado?

Al principio regresaba muy seguido, todos los años. Y últimamente tengo como 20 años sin ir.

¿Tienes el deseo de volver?

No lo sé.

¿Qué sueñas lograr con tu arte en esta nueva etapa?

¿Qué sueño lograr?

Oye… Quizás poderme entender cada día más, en la búsqueda de poder más de mí. Absolutamente.

¿Y si pudieras crear una obra que describa el futuro, o lo que quieras reflejar, cuál sería?

Oye, tengo que preguntarle a mi perra…

¿Cuál sería?
Eh… no. Quizás poder mostrar la trayectoria que he tenido todos estos años acá. Poder mostrar una pequeña retrospectiva de la obra, o algo…

¿Dónde te ves en un futuro?

Aquí. Aquí. En mi taller, acá.

Imágenes: AVA.