Vidas en tránsito
Olivier Bertoni
“Mi arte nace de una frustración: la de haber migrado involuntariamente y buscar, desde la herida, una forma de trascender.”
Artista visual.
Haitiano.
Reside en Santo Domingo, República Dominicana.
Foto: Nathalie Sayago
Olivier Bertoni, conocido en el mundo del arte como Boti, es un artista visual haitiano y profesor de arte que ha hecho de la República Dominicana su lugar de residencia y creación. Su vínculo con este país comenzó en la infancia, cuando se trasladó por primera vez con su familia debido al trabajo diplomático de su padrastro. Esa experiencia inicial marcó su memoria y estableció una relación temprana con el territorio dominicano. Años después, regresó de manera independiente para estudiar arte, impulsado por la falta de opciones universitarias en Haití. Fue en ese segundo regreso donde comenzó a gestarse el artista que hoy es, aunque su interés por el arte se manifestó tardíamente, luego de un periodo de rechazo juvenil hacia la disciplina.
Creció en una familia unida, con influencias militares y académicas que marcaron sus primeros acercamientos al arte desde una óptica política. Durante una década intentó desarrollar una obra comprometida con las causas sociales y políticas haitianas, pero con el tiempo descubrió que esa línea no terminaba de encajar con su voz interior. Su obra inicial se centró en el vudú y la religiosidad popular haitiana, pero fue evolucionando hacia un lenguaje más introspectivo. A pesar de que algunos observadores identifican en su trabajo una “paleta haitiana”, él mismo no reconoce en su pintura una influencia directa de su país de origen, en parte porque en su juventud no tuvo acceso a museos ni a una formación artística formal en Haití.
Su trayectoria ha estado atravesada por la migración y las tensiones que ella genera, tanto a nivel personal como en el contexto histórico entre Haití y República Dominicana. Olivier reconoce que su experiencia como migrante fue inicialmente dolorosa, marcada por frustraciones profundas que se filtraron en su obra. Describe su pintura como impactante, incluso agresiva, resultado de una necesidad expresiva que canaliza las heridas del desarraigo. A pesar de vivir en mejores condiciones económicas que muchos de sus compatriotas en la isla, es consciente del privilegio que representa su situación y de las limitadas oportunidades que enfrentan otros artistas haitianos en suelo dominicano. La falta de reconocimiento, tanto por parte de las instituciones culturales como de la sociedad, ha sido un reto constante en su carrera.
En los últimos años, Olivier ha puesto su mirada en otros horizontes. Ha comenzado a conectar con una comunidad de artistas haitianos migrantes en Montreal, que están desarrollando un movimiento artístico sólido y con fuerte carga política y emocional. Tras experiencias positivas en espacios internacionales como Berlín, su anhelo es expandir su obra más allá del Caribe, integrándose en diálogos globales sobre migración e identidad. Aun así, no se ve viviendo en otro lugar que no sea República Dominicana, país que ha adoptado como propio. Sueña con crear una obra que simbolice la transición del migrante dolido al ciudadano del mundo: una pieza minimalista que represente no sólo la superación del trauma migratorio, sino también una forma de reconciliación con su historia y su destino.
Pasado, presente y futuro
Imágenes: AVA.
Olivier Bertoni en el futuro
El futuro de Olivier Bertoni se proyecta como el de un artista en tránsito hacia la consolidación de una voz propia más allá de las fronteras geográficas y simbólicas. Su trayectoria, marcada por la migración, la resiliencia y la introspección, lo perfila como un creador que seguirá profundizando en las tensiones entre identidad, territorio y memoria. A medida que se vincula con comunidades artísticas haitianas en la diáspora —especialmente en lugares como Montreal— es probable que su obra se expanda en alcance y discurso, dialogando con otras miradas migrantes desde una posición de madurez estética y conceptual.
Es posible que Olivier se convierta en un puente entre contextos, conectando la energía visceral del arte haitiano con espacios internacionales más institucionalizados, sin perder la carga emocional que define su trabajo. Su deseo de trascender el estado de “migrante” para asumirse como “ciudadano mundial” indica una evolución tanto ética como estética, y podría materializarse en obras más simbólicas, sintéticas y universales, donde la forma depurada contenga capas profundas de experiencia.
A nivel profesional, su apertura hacia circuitos internacionales y su voluntad de colaborar con otros artistas lo posicionan para una etapa de mayor visibilidad, movilidad y reconocimiento. Si logra mantenerse fiel a sus pulsiones creativas sin perder la conexión con sus raíces ni el compromiso con los temas que lo atraviesan, su obra encontrará un lugar significativo en el panorama contemporáneo del arte transnacional.
En lo íntimo, es probable que Olivier permanezca en República Dominicana, no solo por decisión, sino por una pertenencia afectiva que ha echado raíces. Desde allí, con la mirada puesta en el mundo, su futuro artístico se dibuja como un mapa de cruces: entre lo visible y lo imperceptible, entre lo político y lo espiritual, entre la herida y la transformación.
Imágenes: AVA.
Música: Entre dos islas. JMR01, 2025 (Cortesía).
Video: Febo.
Mi nombre es Olivier Bertoni. Mi nombre de artista es Boti. Soy profesor de arte, artista visual, pintor, y haitiano. Vivo en República Dominicana.
¿Qué circunstancias te llevaron a emigrar y cómo fue tu experiencia inicial?
Mi primera vez en República Dominicana vine con mis padres, porque mi padrastro era embajador, ya no en República Dominicana, y duramos cuatro años antes de volver.
Ahí volví otra vez para estudiar, porque faltaban universidades, y volví a estudiar arte.
¿Qué recuerdos de tu vida antes de emigrar consideras más significativos?
En Haití, las circunstancias políticas eran las de Duvalier y esta dictadura, y se vivía un clima de inseguridad militar y política. Pero yo crecí en una familia muy unida, y mi infancia, hasta los días cuando me mudé aquí, fue muy familiar y muy acogedora.
¿Cómo describirías el impacto de tu lugar de origen, Haití, en esta sociedad donde vives, y en tu identidad como artista?
Mis primeros intentos como artista, tuve la impresión de que por haber crecido en una familia militar y de profesores, mi arte iba a ser un arte entregado a la causa política y social haitiana.
Pero al final me di cuenta de que no, no sucedió esto nunca. Durante diez años traté de militar con mi arte y, por algunas razones, me imagino, no sucedió. Mis primeras pinturas y mis primeros trabajos como artista tuvieron mucho que ver con el vudú haitiano y la cultura religiosa. Pero poco a poco me fui alejando un poco de esto. Creo que la influencia de Haití es imperceptible, pero es menos evidente que hace diez años.
¿Qué elementos culturales de Haití llevas contigo siempre?
Me han dicho que mis colores eran muy haitianos. No entiendo muy bien qué quiere decir esto, pero varias veces me lo han dicho. En realidad, en Haití, entre cuando nací y cuando me fui, no había mucho acceso a museos, al arte haitiano. Y cuando empecé a poder ir a museos, era un adolescente medio rebelde y no quería. Entonces cuando llegué a República Dominicana, me rebelé y dije que no quería nada que ver con arte. Mi interés por el arte llegó bastante tarde. Entonces la influencia haitiana en mis pinturas no la reconozco ni yo.
¿Cuál ha sido el desafío más grande que te ha tocado enfrentar como artista migrante?
El desafío más grande como artista en general ha sido el hecho de ser reconocido en un país después de haber emigrado, y en un país donde el arte a veces es difícil de sacar adelante. Ha sido difícil ser reconocido para mí. Creo que es una batalla para todo artista, pero particularmente creo que fue difícil para mí. Me representa una galería haitiana. Hasta ahora no tenía mucha influencia en Dominicana. Ahora se está abriendo más por la migración, incluso de muchos artistas haitianos a República Dominicana. Ser reconocido como artista aquí en República Dominicana ha sido un desafío. Ha sido más fácil para mí ser reconocido en Estados Unidos, por ejemplo.
¿Cómo ha influido toda esa experiencia migratoria en tu forma de crear?
El tema de la migración para mí es una línea conductora en mi arte. Mi proceso de migración y mi proceso de adaptación aquí en República Dominicana ha sido bastante difícil interiormente, personalmente, por la historia que tenemos esos dos países, los conflictos internos, etc.
Mi trabajo, me dicen, es fuerte, impactante. Y creo que eso se debe a una frustración del hecho de haber migrado involuntariamente primero y haber tenido una primera experiencia muy difícil como adolescente aquí. Y ha creado muchas frustraciones. Esas frustraciones son las que pinto, básicamente.
¿Qué diferencias encuentras entre Haití y República Dominicana en el área del arte?
En Haití, yo creo que el arte es supervivencia. Es un arte que, mientras peores van las circunstancias, más aparece. Las personas crean casi por necesidad. Es un país donde el arte no termina. Siempre hay una escena artística, aunque no es reconocida por las élites y no ha podido encontrar aperturas en el mercado internacional recientemente. Hubo una época donde el arte haitiano fue muy influyente, en Francia y en Estados Unidos. Pero la producción de arte en Haití, independientemente del mercado, florece todos los días. Mientras más problemas políticos hay, más arte.
En República Dominicana hay varios artistas influyentes, pero creo que todavía la sociedad dominicana no ha entendido bien la importancia del arte en una sociedad. Está un poco estancado el acceso al arte, a pesar del crecimiento económico. Creo que el arte dominicano no sigue ese crecimiento. Y creo que podría estar mucho más desarrollado con iniciativas, eventualmente gubernamentales, de apoyo a los artistas.
¿Cómo percibes tu historia personal como migrante en comparación con la de otros migrantes?
Yo soy uno de los pocos migrantes haitianos con una situación económica bastante buena.
Somos pocos aquí con capacidades económicas, con el background y el círculo que tenemos, incluyendo amigos dominicanos. Somos pocos en tener este ambiente. La mayoría de los migrantes haitianos aquí, artistas o no, no tienen las aperturas que tengo yo.
Yo soy parte de un grupo muy pequeño de clase media que está desapareciendo, por migrar, por la situación económica y política del país, que es catastrófica. No conozco muchas personas que tengan las facilidades y las oportunidades que he tenido. Sobre todo, en la cultura.
¿Qué esperas lograr con tu arte en este contexto actual?
Hace unos años me estoy dando cuenta de que, por lo que acabo de describir ahorita sobre el arte dominicano y las aperturas que puede tener un artista viviendo aquí, en Canadá existe un grupo de artistas haitianos bastante unido y que están haciendo un trabajo interesantísimo, incluso sobre migración y frustraciones, y tiene mucho que ver con lo que estoy haciendo.
Mi idea es tratar de conectar más con ellos.Están empezando un movimiento artístico interesantísimo y quiero unirme a ellos y ver qué puedo sacar de su arte, de las oportunidades que tienen, y sacar mi arte de República Dominicana. He tenido una exposición en Berlín con varios inmigrantes. Ha sido una experiencia increíble. Pero me estoy enfocando en Montreal. Montreal es donde está sucediendo el arte haitiano migrante.
¿Si pudieras crear algo que simbolice tu futuro, cómo lo describirías?
Una obra que simbolice el futuro sería seguramente una pintura. Sería una pintura donde logre trascender todas esas frustraciones del pasado, todas esas nostalgias de la primera vez que vine por migración a República Dominicana, y trascender todas esas frustraciones de ser migrante. Sería bastante minimalista, me imagino. Sería una obra de trascendencia: del estado migrante al estado de ciudadano mundial. Por ahí iría una obra.
¿Te ves en República Dominicana por un tiempo extenso?
¿Verdaderamente me veo viviendo en Dominicana? Verdaderamente no es la palabra, pero no me veo en ningún otro lugar. Ya Dominicana es mi país. Quisiera, como dije ahorita, viajar a Montreal, quisiera ir a algunos sitios para trabajar con otros artistas, pero creo que sí depende de mí, me quedaría.
Imágenes: AVA.









